Tomada de: http://blog.pucp.edu.pe/item/59316/brecha-digital-en-el-peru
Dos términos muy comunes hoy en día son internet y cultura. Por casualidad uno puede llegar a relacionarlos de alguna forma, afirmando que internet ha cambiado la cultura y los hábitos de las personas que han sido influenciadas por esta red de información mundial, es decir, internet ha cambiado la cultura en la que el hombre moderno vive.
Pero pensar que internet es una cultura en sí misma es muy poco probable. Para ello es necesario definir qué se entiende por cultura. La cultura es una construcción colectiva capaz de trascender las preferencias individuales y afectar el comportamiento humano y las relaciones sociales.
Incluso, internet no está compuesto de una sola cultura, sino que en él confluyen cuatro culturas diversas, pero complementarias (Castells, 2001): la cultura meritocrática, la cultura hacker, la cultura comunitaria virtual y la cultura emprendedora.
La constante dinámica entre estas cuatro culturas poco a poco han ido configurando y moldeando le fenómeno internet tal cual como se conoce en la actualidad. Por ello, relacionar cultura con internet parece mucho más complicado de lo que se pudo llegar a pensar en un principio.
Castells (2001)* presenta el nacimiento y el desarrollo de estas cuatro culturas en su libro “La galaxia internet”. Lo primero que se puede venir a la mente al escuchar el título es: ¿Por qué el autor utiliza el término ‘galaxia’ y no ‘universo’ que es más amplio?
La lectura no lo explica de forma directa, pero podría ser porque el autor es consciente que internet no es una realidad completamente abarcante y totalitaria. Sino que por muy extenso que parezca, el internet sigue siendo una parte de las relaciones sociales, una parte de la vida familiar, una parte de la vida escolar, una parte de un gran universo que se llama vida humana.
Castells hará una aproximación de cada una de las culturas ya mencionadas. En primer lugar, presenta la cultura meritocrática, la cual se encuentra en línea directa con la Ilustración. Es decir, se mantiene una confianza en la humanidad y en su deseo de progreso. Pero ¿Esto es posible después de que la racionalidad parece haber llevado al ser humano al borde de la destrucción durante dos guerras mundiales? Pregunta que durante el texto no es respondida, pues este no es su objetivo primario.
La cultura meritocrática es la directa responsable del inicio y posterior desarrollo del internet. Pero dicha cultura es una cuestión de élites. Pues no todos pertenecen a ella, sino que allí sólo están los privilegiados que han sacado provecho de su visión futurista y han sabido aprovechar las oportunidades en su justo momento. Ellos son los ‘padres’ de internet.
Pero esa cultura de élite, esa invención de los ‘padres’ estaba condenada a permanecer allí de no ser por la cultura hacker. Los hackers no son los genios informáticos capaces de ingresar a cualquier sistema y poner en jaque a las altas empresas o los propios países. Claro que no se puede negar que esto ha sucedido, pero no se puede relegar el papel de los hackers a meros piratas informáticos.
Los hackers son los responsables que el internet se haya popularizado como lo ha hecho. Son una especie de Prometeo que han robado del fuego divino para darlo a los hombres. Es la cultura hacker quien ha descubierto la riqueza del internet y ha sido capaz de compartirla con todo aquel que estuviese interesado. De allí, uno de sus pilares: el desarrollo comunitario del software de fuente abierta.
La cultura comunitaria virtual vio una gran posibilidad en lo que los hackers presentaron, pues aparece la necesidad de ‘virtualizar’ el contacto con otros y crear relaciones de diferentes tipos allí. Este es el aporte de esta cultura, convertir una iniciativa tecnológica en una herramienta de interacción social.
Aquí entra en acción el espíritu emprendedor que siempre acompaña al hombre. La cultura emprendedora reconoció pronto que las redes comunitarias son un caldo de cultivo idóneo para la inmersión de la innovación empresarial. Ahora la empresa ha entrado de lleno en la galaxia internet y allí se mueve con mucha falicidad.
Pero es necesario mirar estas cuatro culturas desde una perspectiva diferente. Pues el ideal de superar la desigualdad social en el mundo virtual no parece tener el suficiente arraigo. Pues estas culturas admiten y a veces propician condiciones de desigualdad.
Marx ya lo había anunciado, cuando afirmó que en la historia de la humanidad siempre ha habido desigualdad, siempre ha habido poderosos y oprimidos, señores feudales y siervos, etc. Para Marx las condiciones de desigualdad han existido siempre, sólo que con el paso del tiempo cada uno de estos grupos ha asumido un nombre diferente.
Hoy esa diferencia puede seguir presentándose pero en relación con el manejo de la tecnología. La sociedad actual está dividida en quienes conocen y producen tecnología, por un lado, quienes consumen dicha tecnología, por otro, y quienes ni siquiera pueden acceder a ella.
Foucault estudia los procesos de gobernabilidad donde el control es lo primordial para mantener el poder y las condiciones de desigualdad. Control que ejerce actualmente quien tiene que ver con la creación, distribución y mantenimiento de la nueva tecnología. Allí está el punto central de la desigualdad, pues el grupo capaz de dichas tareas sigue siendo reducido, mientras que la gran masa sólo acepta lo que se les ofrece manteniendo su condición subyugada.
Queda claro que Castells escribe desde el primer mundo, donde las culturas mencionadas existen y se relacionan como el autor propone. Pero sería interesante poder hablar desde la otra orilla de la realidad, es decir, desde una sociedad que no posee el poder dado por el manejo de la nueva tecnología, sino que sólo es un actor-consumidor. Los países relegados económicamente tienen ahora una nueva denominación, pero siguen siendo dominados por otros.
Para finalizar, es importante decir que hoy en día hablar de tecnología es hablar de poder. Y una sociedad como la nuestra seguirá estando relegada hasta que pueda tomar distancia del poder que ejerce sobre ella la nueva tecnología. Tomar distancia no significa lejanía, sino independencia. Independencia que sólo será posible cuando se pueda producir, reparar y usar la tecnología que cada quien necesita. A mayor conocimiento y dominio sobre la nueva tecnología, menor será la dependencia que el individuo tenga de ella.
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*Castells, M. (2001). La galaxia internet. reflexiones sobre internet, emrpesa y sociedad. Barcelona: Plaza y Janés.
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